martes, 3 de febrero de 2009

DD.HH... DE MALasia EN PEOR!

Era 10 de diciembre de 1948 (el mundo aun trataba de asimilar las atrocidades cometidas por los nazis contra los judíos durante la segunda guerra mundial), cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobó y proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En esta declaración, buscando contrarrestar el menosprecio a la vida debido a los actos de barbarie, ultrajantes para el hombre, se proclamó en su artículo 3 “que todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad personal”…

Precisamente hoy, miles de voces claman por ese derecho a la vida. Pero el grito más desgarrador y conmovedor es la de Carmen Tello, mujer que el último fin de semana se vio con el infortunio de enterarse que su hijo Reyes Amasifuen fue condenado en la lejana Malasia a la pena de muerte.

“No maten a mi hijo, solo pido eso… sí cometió algún delito, que lo castiguen de otra manera por lo que ha hecho, pero no lo maten!… que cumpla su sentencia en Malasia o le traigan a Perú”…


Reyes Amasifuen Tello de 30 años y natural de Juanjuy (San Martín), fue detenido el 15 de mayo del 2007 en el centro de Kuala Lumpur con más de un kilo de cocaína que llevaba en el estómago repartido en 116 cápsulas. Sumándose de esta manera a otros 10 peruanos que habían sido detenidos por el mismo delito.

Después de tres semanas de juicio durante el pasado mes de enero, fue encontrado culpable por la corte suprema de Kuala Lumpur, que ante el incesante llanto de Amasifuen, lo condenó a la pena capital en la modalidad de ahorcamiento. Esto debido a que la legislación malaya es rigurosa y castiga con la pena de muerte el tráfico ilícito de drogas. En este país asiático, quienes son hallados con estupefacientes ilegales se salvan de la máxima pena, solo si lo que poseen pesa menos de 15 gramos.

El país ya vivió un caso similar cuando el mes de setiembre del 2008, el pastor evangélico Leonardo Isidro Quito Cruz por las mismas circunstancias, fue condenado a la pena de muerte en la modalidad de inyección letal. Pena que por cierto aun no se ejecuta. En esa oportunidad al igual que con Reyes Amasifuen, la cancillería peruana se hizo el desentendido.

Afortunadamente Carmen Tello, al enterarse de esta desafortunada noticia, se encontraba rodeada de un generoso y siempre solidario pueblo loretano. Sobresaliendo el gran aporte de los periodistas de Radio La Voz de la Selva, dirigidos acertadamente por la licenciada Mary Pérez.

Carmen ahora se encuentra rumbo a la capital de la república, para reunirse con los miembros de la cancillería con la única esperanza de encontrarse con su hijo, al cual no ve por más de cuatro años.

“Agradezco el apoyo que me están dando… voy a luchar hasta el último para que mi hijo no muera… Si cometió un delito que pague!… pero de otra forma, no con la vida que es sagrada”…

Compartimos tu sentimiento Carmen… Aunque esa vaina de los Derechos Humanos, a pesar de tanto tiempo transcurrido, aun está en el papel, eso lo podemos comprobar a la vuelta de cada esquina en nuestro diario caminar. Resulta incoherente que Malasia siendo miembro de las Naciones Unidas desde 1957, no respete uno de los principios fundamentales del documento que rige los derechos universales de todo ser humano… El derecho a la vida y el derecho a vivirla… Principio que debe regir, en cualquier comunidad política.

1 comentarios:

Martín Wong dijo...

La pobreza es la principal razón por la que los malayos, indonesios y otros extranjeros se dedican al narcotráfico en el sudeste asiático. La mayoría de los condenados son simplemente intermediarios, micro-comercializadores o simples poseedores. El Estado debería ocuparse en disminuir el nivel de miseria antes de aplicar penas estrictas. Un gobierno no puede decirle a su ciudadano: "si delinques, te mato" si antes no le proporciona las oportunidades para desarrollarse con dignidad. Es una lástima lo que ocurre con Malasia y con nuestro compatriota. Espero que la cancillería pueda actuar a tiempo.